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Miércoles 1 de septiembre 2010
2012-02-08 01:54:50

Acertijos

EL INFORME PRESIDENCIAL

La esperanza es el sueño del hombre despierto. Camelot.

A las nueve de la mañana aquello comenzó. Atrás quedaron los tiempos que en el Congreso, el día primero de septiembre, el presidente lo era todo: cuerpo, alma, vida y corazón. Era como el Barcelona al ataque y el Inter a la defensiva. Imbatible. Representaba el latido de cada uno de los mexicanos y palpitaba con fuerza. El paseíllo por las calles, como un Eisenhower regresando victorioso de la segunda guerra mundial y rolando por la Quinta Avenida neoyorkina, aquí lo era por Juárez o Reforma, pero el mundo mexica se rendía a sus pies. La gente, porque era día de asueto, tiraba papelillos tipo confeti desde los balcones o azoteas, que caían en la cabeza pelona del Tlatoani reinante. La radio y la tele, con Jacobo, la estrella, en cadena nacional narraba qué carajos había desayunado el presidente y su familia; si eran muy mexicanos, como Echeverría y la compañera María Esther, pues los chilaquiles, tamalitos y agua de horchata. Si se eran medio europeos o yankees, como Zedillo, el menú se ocultaba, para huevos en el rancho.

AQUELLOS AÑOS GLORIOSOS

En el Congreso, Jacobo medía la popularidad del preciso por la interrupción de los aplausos. El aplausómetro lo era todo, cada palabra del jefe hacía que, como resorte, los diputados y diputadas (me afoxé) se pusieran de pie. Las diecisiete mil interrupciones le daban su encuesta Chafosky de cuánto lo amaba el pueblo. Nadie interrumpía ni nadie bostezaba, la tele paneaba a los personajes: Ejército, curas sin sotana, barones del dinero y la clase política. Al final, el besamanos, la fila daba del Congreso hasta Perisur, pero ser visto y saludado, o quizá palmeado, era una gloria como de batalla ganada. Carlos Salinas, que era medio enclenque y flaquito y con mano frágil, utilizaba una vendoleta ajustada en la muñeca derecha, porque terminaba adolorido e inflamado de tanto canijo que le apretaba emocionado al saludarlo.

ESE PORFIRIO

Hasta que un mal día, Porfirio Muñoz Ledo se bajó de la nube en que andaba, o sea, de su curul, y le gritó al apanicado y gris presidente Miguel de la Madrid, y el mundo no volvió a ser igual. Le dijo mas o menos algo del Juramento Aragonés, o no sé quien demonios es el autor: “Cada uno de nosotros somos igual que vos, y todos juntos valemos mas que vos”. O sea, no te me aloques, presidente, y desde ese día los informes se convirtieron en un miércoles de plaza, verduleros y verduleras (volví a afoxarme) se daban con todo, gritos de espurio, ojáis, come-cuando-hay, poca luz, aquello parecía Tepito y su vocabulario urbano. El destino los llevó a que había que suspender esa gritería, y el informe se terminó, se cumple con el ritual constitucional de entregarlo en mano y al otro día, como ocurrió ayer, el presidente invita a quién se le da la gana, y en una sede neutral informa lo que quiere o lo que le da la gana, ante gente bien portadita.

CUARTO INFORME

Así estaban ayer. En la tele, viendo al presidente como lo veíamos miles, la mayoría de los gobernadores, los presidentes de los partidos políticos, los coordinadores de diputados y senadores, incluyendo al mafioso Beltrone, la Betty Paredes Pineda Covalín, y Peña Nieto, que estaba muy propio el muy guapísimo, diría una cronista del Hola español. Quizá, pensando en la reconciliación, Calderón llevó corbata roja para que no se enojaran esos dinos que detestan el azul pintado de azul. Mensaje bueno. El presidente hablando de los logros, de los 630 mil empleos y la recuperación económica, de las presas, de los sistemas hidráulicos, de las inversiones, los barones del dinero, sonreían. De la energía Eólica, la del viento que tiene Europa por cada rincón y que tendremos que hacer nuestra. Su esposa, Margarita Zavala de Calderón, en primera fila asentía. Quizá ella llevaba sus números de toda la ayuda que ha dado en el país en los programas sociales.

EN LOS CUERNOS DE LA LUNA

Al faltar unos quince minutos, de un mensaje de hora y diez minutos, Calderón se afoxó, y con el clásico: ‘mexicanos y mexicanas’, metía el acelerador. Estaba en los cuernos de la luna, la detención de La Barbie lo había puesto en el escenario mundial y me atrevo a decir que quizá hasta el mismo Obama le habló para felicitarlo, y decirle: mándamelo cuanto antes. Los diarios prestigiados del mundo: The New York Times, Washington Post, Le Monde de Paris, Corriere de la Sera de Milán, y hasta Crónica de Tierra Blanca, reconocieron el trabajo del presidente en la lucha contra la delincuencia organizada.

LINCOLN Y OBAMA

Parafraseó, quizá sin querer queriendo, a Abraham Lincoln en aquel famoso discurso de la Casa Dividida: “Una casa dividida contra si misma no puede sostenerse”, dijo el leñador presidente. Calderón lo parafraseaba, ir juntos y unidos a abrir la página del Tricentenario. Unidos, unidos, unidos, y la palabra retumbaba por doquier. Y luego, tomó la frase que hizo mundialmente famoso a Obama: “Yes we cant” (Si se puede), y el sí podemos retumbaba en su centro la tierra. “Unidos derrocamos a una dictadura”, y los restos de don Porfirio se revoloteaban en Montparnasse. “Sólo unidos prosperaremos”, y llegó el aplauso final. La gente se desacomodaba en sus sitios, partían al regreso, la tele ya no nos dejó ver el besamanos, si se formó la fila para estrechar la presidencial, enseguidita, para que no quede duda de quién es el preciso en los comerciales televisivos, saltó al aire el comercial del Quinto Informe, pero de Peña Nieto, arriba de la Suburban, visto y comentado en columna de ayer. Y allí se rompió una taza y cada quien para su casa. Yo, a cambiar de canal.

Comentarios: haazgilberto@hotmail.com

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